Momentos que despeinan – Cómo llueven las ideas

Las ideas no vienen siempre con una tormenta. Muchas veces empieza como una chispita de no se qué y, cómo ya me lo conozco, empiezo a despeinarme para tirar del hilo.

Trato de garabatearla en una hoja, me levanto, me hago otro café… Mientras, Techü me mira de reojo.

Acabo delante de su mesa, hablando de todos los hilos de los que estoy tirando… La chispita no era tan pequeña…

Al verbalizar el tremendo despeinado creativo, se va ordenando en mi cabeza y aparecen puertas que me llevan a lugares donde el lápiz dibuja exactamente lo que le pido.

Algunas veces Techü lanza algún mágico “y si…” otras le doy las gracias por su escucha müttante… Siempre acabamos con un café.

Despeinate mucho esta semana, si puedes en equipo… pues mucho mejor.

Que la #müttación te acompañe.

Momentos que despeinan – Lunes de Churros

Los lunes hay mercado en Ontinyent y viene la churrería ambulante, así que los desayunos de la oficina son mucho más despeinados que los del resto de la semana.

Me encanta desayunar con mis compañeras, compartir momentos de aflojar tensiones, hablar de cómo ha ido el fin de semana, de planes nuevos para el siguiente…

De resoplar, de confesar que ya no vamos a trabajar tantas horas al día… y de reírnos de nosotras mismas.

Desde que no estoy sola en la oficina, los lunes han perdido ese protagonismo malévolo de comienzo de semana, los hacemos pasar por un tren de despeinado repleto de altas dosis de latidos de risa y humanidad a la par.
Concibo mi vida, tanto personal como profesional, como un gran saco de #momentosquedespeinan.

Créate una buena semana y … que la #müttación te acompañe.

Despéiname con tu música

Relajada y con el corazón despeinado me pregunto por las casualidades, los momentos en que los cables de dos vidas se cruzan y saltan chispas.

En realidad, primero se cruzan los cables, hay corriente… y poco a poco, si se mantiene esa corriente, entonces saltan chispas.

Soy consciente de esa magia y serranía que se me sale por los rizos oxidados. Porque me quiero, acuno mi corazón despeinado con música, a veces clásica, otras jazz, pop, no concibo mi vida sin música, genero espacios donde dibujo y te cuento historias müttantes, vuelo, me disparo al centro de galaxias de puras sensaciones. Disfruto la música y, cuando la comparto, quiero que sientas lo mismo que yo al escucharla, que te relajes y se te ponga la piel de gallina… Que se te desengomine el corazón.

La aventura que estoy transitando últimamente me ha hecho parar, tragar saliva y volver a comprobar la autenticidad de este corazón despeinado del que tan orgullosa me siento, la aventura que estoy transitando me recuerda constantemente que en términos de polaridad, el dar juega en pareja con el recibir.

Abro el juego contigo en un aparente modo neutral, me despeinas de un fogonazo al corazón con el “Intermezzo de Cavalleria rusticana” de Mascagni. Tienes toda mi atención y, por supuesto, doy vueltas contigo por algún jardín cósmico al ritmo de “Claro de luna” de Debussy, como estoy volando no puedo pisarte. Nota a nota salen emociones de los auriculares y mariposas cosquilleantes de algún lugar olvidado.

Cada una de las emociones que recibo a través de la música que me envías me habla de ti, celebro las que coinciden con las piezas que yo escucho habitualmente, me hace sentir una bonita conexión.

Las emociones, cuando las dejo, vuelan en desbandada, empujan fuerte, abren las puertas y ventanas de par en par al ritmo de un solo de batería en una pieza de jazz… el corazón se queda al aire, despeinado melena al viento…

Es un tornado fantástico, lo más müttante que me ha ocurrido.
Chispas, chispas y chispas. Recibir. La magia de darme permiso para müttar.

Puedes despeinarte hasta müttar con la playlist Despeinado cósmico de nuestra cuenta de Spotify Müttacafe.

Que la müttación te acompañe… Con música ¡por supuesto!

 

 

 

La magia nace de mi

Mis primeras palabras müttantes fueron más bien balbuceos, un desengominado lento, mechón a mechón, cabello a cabello despegado con las yemas de los dedos mientras veía caer los restos de gomina seca.

Estoy delante del espejo y dispuesta a despeinarme con un reto aparentemente pueril: sostener mi propia mirada durante un minuto. Facilón, esto está chupado, me decía mientras preparaba la cuenta atrás del cronómetro…

Me miro y bajo los ojos, doy un pasito atrás, no lo llamaría incomodidad pero si una especie de rareza despeinante, quiero huir y a la vez deseo quedarme. Acabo de ser consciente de las veces que me miro sin verme.

Me cuelgo la mochila de exploradora, ni por asomo sospecho que es la ruta más apasionante que voy a recorrer en mi vida, la magia de encontrarme. A golpe de latido salta mi niña Müttanda, que se va a conquistar su corazón engominado para despeinarlo, como en una excursión del colegio.

En las películas, las cosas mágicas sueltan destellos, colores, aparecen después de una humareda… ¿Acaso no es igual en la vida cotidiana? Me enamoran las chispitas titilantes de una mirada, el color de una sonrisa, el escalofrío de un roce, el calorcito de una caricia, el incendio de un buen abrazo… un sinfín de señales de atracción que funcionan como un imán cósmico.

Sin darme cuenta me estoy sonriendo, mi corazón se está despeinando y lo siento latir, ¡¡¡ja ja ja ja!!! Mi mirada brilla de un modo tan especial que podría iluminar un estadio, mi sonrisa habla sola y en tecnicolor y, dentro de mí, hay una espiral energética y despeinada que se me sale del cuerpo, que arrastra los primeros balbuceos de palabras bonitas hacia mí misma, de un lenguaje amoroso y müttante que me despeina el corazón.

Me hablo bonito, como ser único e irrepetible, me doy permiso para despeinarme, para müttar, porque la müttación … es magia, y nace de mí.

¿Has descubierto tu magia? Que la müttación te acompañe.

 

 

Domadora de expectativas

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Tengo una cita y me he dicho ante el espejo: “Señorita Pher, si realmente vas a fluir déjate el saco de expectativas en casa”.
Lo he dejado mal cerrado y han empezado a salir y a crecer, a enredarse en mi corazón despeinado y a colonizar mi mente.
Así que aquí estoy, despeinada, serrana y brava. Exploradora de una historia, otra historia. Esta vez látigo en mano y con refuerzos despeinados, toda una dominatrix de expectativas.

Mi “Pepito grillo” se está riendo de mi viendo la contienda, sentado en mi hombro, cerca de mi oreja, sin cortarse un pelo.
Le digo que las expectativas despiertan mi ilusión, ponen lo mejor de mi en el borde del trampolín, preparado para dar el salto. Se ha empezado a reír tanto que se ha tenido que coger de un rizo para no caerse.
Tanta guasa me ha empezado a mosquear, ya estaba despeinada y con el morrete pintado para salir. Se ha puesto muy serio de repente y me ha convencido.

Si voy despeinada por la vida es porque la ilusión y lo mejor de mí ya forman parte del magma que bulle en mi corazón. Cada decisión, cada paso es un latido amoroso y atronador que celebra quien soy.
Lo que tengo que vigilar de las expectativas es su tamaño. Me pongo filosófica y pienso que una meta es una expectativa bien ponderada, no las bestiajas desaforadas que tengo de nuevo en el saco ( cerrado a cal y canto).
Le he puesto a Pepito grillo una peli, queria venirse a la cita y, sinceramente, es un poco torpe fluyendo.

Me vuelvo a pintar de rojo el morrete, me lanzo un besazo al aire, ¡por serrana!, tac tacatac, tac tacatac a ritmo de mi propia percusión me voy acercando a mi cita, a conocerle, a conocerme, a descubrirle, a descubrirme, a despeinarle, a despeinarme.

Que la müttación te acompañe… Y, ¡a mi también!

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Clic doble Clic requeteclic… Fluyo despeinada y amorosamente

Clic doble Clic requeteclic…

Me despeino con la mano izquierda, otro clic con la derecha, botón izquierdo, botón derecho ráfaga de clics, cierro los ojos… me despeino con las dos manos. “Está pensando” suelo decir mientras la ruedecita da vueltas en la pantalla.

Quiero abrir la carpeta con las fotos de las últimas vacaciones, situarme emocionalmente, recordar cómo me sentía, lo despeinada que creía estar. Pero la rueda sigue girando, escupiendo recuerdos de caminos transitados, emociones exploradas hasta el desengominamiento del corazón, despeinándolo casi pelo a pelo.

En mi despeinada exploración del mundo, encuentro pedruscos en el camino, unas veces los sorteo con facilidad y otras aprieto fuerte los tirantes de la mochila con las manos y trepo hasta arriba para renovar la perspectiva del camino cortado.

La rueda sigue girando y ya no hago clics. Sigo despeinada, con las manos detrás de la nuca, los ojos cerrados, la silla separada de la mesa e inclinada hacia detrás. Sólo me falta apoyar los pies sobre la mesa, como esas jefas sobrepasadas y de glamour müttante que salen en las películas.

He aprendido que, desde lo alto del pedrusco, el nuevo camino se va mostrando con mayor facilidad ante mis ojos exploradores cuanto más aprendizaje llevo en la mochila.

Mi mirada es más atrevida hacia adelante porque he ido cerrando con amor cada etapa, reconociéndome, sin juzgarme, amándome como era desde quien soy hoy.

La rueda sigue girando, cada piedra me trae una experiencia despeinada y su müttación. Muchas veces, me he sentido tan perdida que he establecido un campo base, hasta que me he encontrado de nuevo y he podido retomar la ruta.

Clic doble Clic requeteclic… se me acaba la paciencia… me despeino con la mano izquierda, otro clic con la derecha, botón izquierdo, botón derecho ráfaga de clics, cierro los ojos y me vuelvo a despeinar con las dos manos. Bajo los pies de la mesa y reseteo, que es müttar con convicción.

Que la müttación te acompañe.

 

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Un billete de ida y vuelta hacia mis sombras

Absolutamente despeinada estoy explorando, no sé si el vacío o la saturación, si la ausencia de conexiones o el desbordamiento de las mismas.

Viajo en un mundo de polaridades juzgando o negando una de ellas. He descubierto que Müttar es despeinarme por las sombras, descubrirme en ellas, aprender y volver a la luz. 

Por favor un billete de ida y vuelta hacia mis sombras, si si, de ida y vuelta.

No se si es fácil o difícil, este dúo de polos opuestos me lo comí con patatas hace tiempo, cuando decidí que lo que importa es resolver, vamos, si lo quiero hacer o no. 

A las sombras viajo de vez en cuando, a desengominar el corazón, a observar la otra cara de la creatividad, a aprender a ver desde la calma lo lejos y aparentemente desconectadas que vuelan mis ideas, a quererme mucho en la también aparente improductividad, a disfrutar de un par de cervecitas conmigo misma, esta vez sin cambiarme a la polaridad de culpable.

Por cierto, la culpabilidad con patatas está muy muy rica, ahí lo dejo.

Despeino el corazón cada vez que me concedo el permiso de ser solo lo que yo espero de mi, con mis ritmos, mis pausas, mis acelerones. Coherencia muy bien salpimentada con un  amor rico rico y picarón ¡que he venido a jugar!.

Un corazón despeinado huele a libertad, se expande, lo llena todo, y se posa.

A veces sobre un miedo que quería colarse en la fiesta, a veces para enamorar a un par de ideas locas que no se conocían y, a veces, saca de la manga un espejo y se posa sublime delante de mi para que me vea de verdad y me reconozca como un ser único e irrepetible.

Un billete de ida y vuelta a mis sombras. Por favor, en preferente.

¿Cuánto hace que no vas?

Que la Müttación te acompañe.

 

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Despeinado o engominado

Despeinado o engominado, esta es la cuestión.

Despendolado anda mi corazón estos días, melena al viento “bum bum” se me nota el latido hasta en la mirada.

Bien equipada y a punto de salir a explorar fuera me he encontrado vacío el tubo de la gomina, no he podido repeinar el corazón y lo he dejado en modo hippie. Me he sentido distinta, el mismo viento que lo ha despeinado, me ha descubierto un modo de observar más amplio, más autentico, mucho más liviano.

He descubierto que la melena engominada, “bien peiná como debe ser”, es una gran redireccionadora emocional, como un intercambiador del metro, un fantástico atenuante de la intensidad de las experiencias. Peinado a prueba de viento, todo en su sitio y con el radio de acción perfectamente controlado.

He descubierto que el mismo viento que me despeina el corazón me trae otra manera de observar más amplia, más auténtica, más liviana… Me envuelve en emociones que me cambian de sitio, me desestabilizan, me voltean como un tornado. Surgen desafíos de reconocerme en el tránsito de cada una de ellas, las que me llenan, las que me escuecen, las que me duelen, las que me impulsan.

He descubierto mi caminar müttante; si te cruzas conmigo llevo la mochila repleta de nudos en la garganta, piel de gallina, dientes apretados de rabia, puñados de lágrimas de decepción y de alegría, ojos empañados, sonrisas traviesas, risas desternillantes, manojos de miradas pícaras, desafiantes, mariposas en el estómago… Sin sitio para arrepentimientos.

He descubierto que el corazón despeinado me hace vulnerable, me siento más fuerte, viva de verdad. Me levanto más rápido, retomo antes el camino… O hago una müttación radical si la ocasión lo merece, porque sé quién soy, desde donde habito mi mundo y a dónde me dirijo.

Despeinado o engominado, esta es la cuestión.
Y tú, ¿cómo tienes el corazón?

Que la müttación te acompañe.