La magia nace de mi

Mis primeras palabras müttantes fueron más bien balbuceos, un desengominado lento, mechón a mechón, cabello a cabello despegado con las yemas de los dedos mientras veía caer los restos de gomina seca.

Estoy delante del espejo y dispuesta a despeinarme con un reto aparentemente pueril: sostener mi propia mirada durante un minuto. Facilón, esto está chupado, me decía mientras preparaba la cuenta atrás del cronómetro…

Me miro y bajo los ojos, doy un pasito atrás, no lo llamaría incomodidad pero si una especie de rareza despeinante, quiero huir y a la vez deseo quedarme. Acabo de ser consciente de las veces que me miro sin verme.

Me cuelgo la mochila de exploradora, ni por asomo sospecho que es la ruta más apasionante que voy a recorrer en mi vida, la magia de encontrarme. A golpe de latido salta mi niña Müttanda, que se va a conquistar su corazón engominado para despeinarlo, como en una excursión del colegio.

En las películas, las cosas mágicas sueltan destellos, colores, aparecen después de una humareda… ¿Acaso no es igual en la vida cotidiana? Me enamoran las chispitas titilantes de una mirada, el color de una sonrisa, el escalofrío de un roce, el calorcito de una caricia, el incendio de un buen abrazo… un sinfín de señales de atracción que funcionan como un imán cósmico.

Sin darme cuenta me estoy sonriendo, mi corazón se está despeinando y lo siento latir, ¡¡¡ja ja ja ja!!! Mi mirada brilla de un modo tan especial que podría iluminar un estadio, mi sonrisa habla sola y en tecnicolor y, dentro de mí, hay una espiral energética y despeinada que se me sale del cuerpo, que arrastra los primeros balbuceos de palabras bonitas hacia mí misma, de un lenguaje amoroso y müttante que me despeina el corazón.

Me hablo bonito, como ser único e irrepetible, me doy permiso para despeinarme, para müttar, porque la müttación … es magia, y nace de mí.

¿Has descubierto tu magia? Que la müttación te acompañe.

 

 

Domadora de expectativas

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Tengo una cita y me he dicho ante el espejo: “Señorita Pher, si realmente vas a fluir déjate el saco de expectativas en casa”.
Lo he dejado mal cerrado y han empezado a salir y a crecer, a enredarse en mi corazón despeinado y a colonizar mi mente.
Así que aquí estoy, despeinada, serrana y brava. Exploradora de una historia, otra historia. Esta vez látigo en mano y con refuerzos despeinados, toda una dominatrix de expectativas.

Mi “Pepito grillo” se está riendo de mi viendo la contienda, sentado en mi hombro, cerca de mi oreja, sin cortarse un pelo.
Le digo que las expectativas despiertan mi ilusión, ponen lo mejor de mi en el borde del trampolín, preparado para dar el salto. Se ha empezado a reír tanto que se ha tenido que coger de un rizo para no caerse.
Tanta guasa me ha empezado a mosquear, ya estaba despeinada y con el morrete pintado para salir. Se ha puesto muy serio de repente y me ha convencido.

Si voy despeinada por la vida es porque la ilusión y lo mejor de mí ya forman parte del magma que bulle en mi corazón. Cada decisión, cada paso es un latido amoroso y atronador que celebra quien soy.
Lo que tengo que vigilar de las expectativas es su tamaño. Me pongo filosófica y pienso que una meta es una expectativa bien ponderada, no las bestiajas desaforadas que tengo de nuevo en el saco ( cerrado a cal y canto).
Le he puesto a Pepito grillo una peli, queria venirse a la cita y, sinceramente, es un poco torpe fluyendo.

Me vuelvo a pintar de rojo el morrete, me lanzo un besazo al aire, ¡por serrana!, tac tacatac, tac tacatac a ritmo de mi propia percusión me voy acercando a mi cita, a conocerle, a conocerme, a descubrirle, a descubrirme, a despeinarle, a despeinarme.

Que la müttación te acompañe… Y, ¡a mi también!

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Despeinada me tiro en plancha

Salto del ángel con triple mortal carpado… Despeinada me tiro en plancha, porque ¡hay ganas!

Las ganas me despeinan, me ponen el corazón en marcha, exploro sin miedo. Además de hacer más grande la mochila del aprendizaje, las ganas le imprimen calidad a la experiencia.

Me despeino y me tiro en plancha significa me decido y pago el precio de esta experiencia.

También es una decisión aceptar la oferta y quedarme como estoy, que es tirarme en plancha hacia dentro, provocando un gran “splash” en un viaje hacia adentro, con el corazón despeinado a tope, construyendo un aprendizaje con mayúsculas muy aderezado con ganas de resolver.

El salto con tirabuzón y caída en bomba, cuando es hacia el corazón, además de despeinarlo, te asegura una müttación.

Me gusta tener el baúl del aprendizaje ordenado, estar conectada con su contenido y encontrar el que necesito en cuanto lo abro. Me evita falsos despeinados y duplicidad de contenidos.

Despeino el corazón cuando pongo en valor el aprendizaje, voy hacia adelante aunque el camino no esté nítido, asumo la certeza de que merezco lo mejor y genero nuevos aprendizajes hacia lo nuevo.

Las sensaciones repetidas de frustración e infelicidad son síntomas inequívocos para desengominar el corazón.

Me tiro en plancha despeinada y cargadita de ganas, abro la piernas y los brazos, cierro los ojos y permito que la caricia del aire me seque mientras mueve desordenadamente mi pelo y me enreda en este universo de conexiones del que formo parte.

¿Qué a veces no hay ganas?… Pues me las invento, las hago a pares, incluso me despeino para bajar a la bodega del barco, a las mazmorras… Lo que sea para encontrar las ganas de tener ganas, porque un corazón engominado es un corazón congelado.

En mi corazón despeinado hace un airecito cálido muy agradable que te invita a sentir y sentirte, a abrazar y abrazarte, a mirar y mirarte…¡Y a müttar con una cervecita!

Que la müttación te acompañe.

 

Clic doble Clic requeteclic… Fluyo despeinada y amorosamente

Clic doble Clic requeteclic…

Me despeino con la mano izquierda, otro clic con la derecha, botón izquierdo, botón derecho ráfaga de clics, cierro los ojos… me despeino con las dos manos. “Está pensando” suelo decir mientras la ruedecita da vueltas en la pantalla.

Quiero abrir la carpeta con las fotos de las últimas vacaciones, situarme emocionalmente, recordar cómo me sentía, lo despeinada que creía estar. Pero la rueda sigue girando, escupiendo recuerdos de caminos transitados, emociones exploradas hasta el desengominamiento del corazón, despeinándolo casi pelo a pelo.

En mi despeinada exploración del mundo, encuentro pedruscos en el camino, unas veces los sorteo con facilidad y otras aprieto fuerte los tirantes de la mochila con las manos y trepo hasta arriba para renovar la perspectiva del camino cortado.

La rueda sigue girando y ya no hago clics. Sigo despeinada, con las manos detrás de la nuca, los ojos cerrados, la silla separada de la mesa e inclinada hacia detrás. Sólo me falta apoyar los pies sobre la mesa, como esas jefas sobrepasadas y de glamour müttante que salen en las películas.

He aprendido que, desde lo alto del pedrusco, el nuevo camino se va mostrando con mayor facilidad ante mis ojos exploradores cuanto más aprendizaje llevo en la mochila.

Mi mirada es más atrevida hacia adelante porque he ido cerrando con amor cada etapa, reconociéndome, sin juzgarme, amándome como era desde quien soy hoy.

La rueda sigue girando, cada piedra me trae una experiencia despeinada y su müttación. Muchas veces, me he sentido tan perdida que he establecido un campo base, hasta que me he encontrado de nuevo y he podido retomar la ruta.

Clic doble Clic requeteclic… se me acaba la paciencia… me despeino con la mano izquierda, otro clic con la derecha, botón izquierdo, botón derecho ráfaga de clics, cierro los ojos y me vuelvo a despeinar con las dos manos. Bajo los pies de la mesa y reseteo, que es müttar con convicción.

Que la müttación te acompañe.

 

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Un billete de ida y vuelta hacia mis sombras

Absolutamente despeinada estoy explorando, no sé si el vacío o la saturación, si la ausencia de conexiones o el desbordamiento de las mismas.

Viajo en un mundo de polaridades juzgando o negando una de ellas. He descubierto que Müttar es despeinarme por las sombras, descubrirme en ellas, aprender y volver a la luz. 

Por favor un billete de ida y vuelta hacia mis sombras, si si, de ida y vuelta.

No se si es fácil o difícil, este dúo de polos opuestos me lo comí con patatas hace tiempo, cuando decidí que lo que importa es resolver, vamos, si lo quiero hacer o no. 

A las sombras viajo de vez en cuando, a desengominar el corazón, a observar la otra cara de la creatividad, a aprender a ver desde la calma lo lejos y aparentemente desconectadas que vuelan mis ideas, a quererme mucho en la también aparente improductividad, a disfrutar de un par de cervecitas conmigo misma, esta vez sin cambiarme a la polaridad de culpable.

Por cierto, la culpabilidad con patatas está muy muy rica, ahí lo dejo.

Despeino el corazón cada vez que me concedo el permiso de ser solo lo que yo espero de mi, con mis ritmos, mis pausas, mis acelerones. Coherencia muy bien salpimentada con un  amor rico rico y picarón ¡que he venido a jugar!.

Un corazón despeinado huele a libertad, se expande, lo llena todo, y se posa.

A veces sobre un miedo que quería colarse en la fiesta, a veces para enamorar a un par de ideas locas que no se conocían y, a veces, saca de la manga un espejo y se posa sublime delante de mi para que me vea de verdad y me reconozca como un ser único e irrepetible.

Un billete de ida y vuelta a mis sombras. Por favor, en preferente.

¿Cuánto hace que no vas?

Que la Müttación te acompañe.

 

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Me despeino en Mütta Café

Me gusta nuestra cervecita con conversación en el Mütta Café. Ambientillo, jazz de fondo, patatas fritas, gente de acá para allá al otro lado del cristal…

Nuestra diferente manera de observar porque descubro muchas cosas sobre mí.

Que me escuches, que me conozcas, que entiendas mi caminar despeinado aunque el tuyo sea engominado. Escucharte, conocerte, entender tu caminar engominado aunque el mío sea despeinado.

Que siempre pidas lo mismo y cómo me miras cuando pido algo distinto y no era lo que esperaba.

Tu organización engominada porque viene del amor por las cosas bien hechas.

Me gusta tu cara cuando te cuento cómo he logrado algo del modo más despeinado.

Tu corazón engominado porque aterriza al mío despeinado. Que mi corazón despeinado vuelva a volar y deje al tuyo con ganas de desengominarse.

Tu sentido del humor, porque provoca carcajadas de pura conexión capaces de despeinar cualquier corazón. Que no te atrevas porque me haces reflexionar.

Que en nuestra lista de pelis pendientes ganen las de versión original. La conversación con cervecita y bocata después de esas pelis. La comodidad de compartir silencios.

Me gusta que estés ahí, porque soy yo sin imposturas, estar ahí porque eres tú sin imposturas.

Provocarte, sacarte de tu sitio, despeinarte y sonreírte con picardía. Que te pongas muy serio cuando te cuento alguna locura, cómo empiezas a sonreír con picardía y me despeinas.

Me gusta que nos digan que estamos ciegos, que no nos enteramos, que no vemos lo que nos pasa. Me gusta que se equivoquen, que lo sepamos y que lo caminemos, despeinándonos, müttando en Mütta Café.

Que la müttación te acompañe.

 

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Gracias mama

Gracias mama…

Tres, dos, uno… ¡Conexión müttante!

Así de sencillo, así nací. En plena libertad interior celebraré el día de la madre y mi regalo es agradecer lo que me convierte en la müttante que soy.

Gracias por poner en valor esa conexión, por repetir esa sonrisa pelocha una y otra vez, por saber mirarme, diseñarme como un ente de alambre y sobre todo, por darme voz.

Gracias por convertirme en la segunda müttante de abordo, por dibujarme un mundo de rotulador rojo en el que cada vez tenía más y más cosas que contar.

Gracias por enamorarte, por abrir tu corazón y descubrir una tímida melena roja pasión, por supuesto.

Gracias por el manejo de la energía masculina que me lanza fuerte como exploradora, y la femenina que me ayuda a sostener el proceso con amor.

Gracias por la loca melena, por su abundancia. Por oxidarla en naranja como canal de salida del drama, porque cuanto más se despeina más viva y libre me siento.

Gracias por vestirme de rojo como símbolo de mi pasión y locura.

Gracias por la sensibilidad de apreciar la oportunidad de conocerme y por hacerme responsable de todo lo que pasa en mi vida.

Gracias por enseñarme a mirar alto desde abajo, y desde dentro. Gracias por regalarme el amor propio.

Gracias por mostrarme la vida como la aventura de conquistarme. Por esperarme paciente después de cada batalla, de cada etapa en la que me he sentido perdida con esa sonrisa cósmica capaz de hacer müttar todas las dimensiones del universo al unísono.

Gracias por ser implacable en el destierro de creencias y juicios que ensombrecen la posibilidad de verme y ver a los demás como seres únicos e irrepetibles.

Y gracias mama por esta gran sonrisa, infalible para mirar, reir, llorar, bailar, caminar, escuchar, hablar. Nació de tu sonrisa cósmica que me despeina para müttar.

Que la Müttación te acompañe.